El Dios baco baila seco


Por Ángel Acosta Medina

Desde los tiempos de Grecia y Roma, el Dios Baco ha sido el encargado de crearle a la humanidad esos espacios de desahogo sin los cuales seguramente la vida sería más agobiante, áspera, o estresante, como se dice ahora. En torno a Baco se inventaron los gozosos aquelarres que primero fueron denominados con el genérico nombre de bacanales, hasta ser moldeados en su evolución asumiendo el nombre de carnavales.

Nacieron pues, los carnavales, con una connotación religiosa, en cuanto el Dios Baco desde su primer bando otorgó licencia a la humanidad para que diera rienda suelta a esas energías que sólo pueden liberarse entre el jolgorio, la jarana, la locura y el desenfreno que permiten las ordenanzas hoy emanadas del binomio Baco y Arlequín, cuya vigencia termina al iniciarse la cuaresma de preparación para la Semana Santa. O sea, con su bando este par de momos libertarios y libertinos, autorizan a hombres y mujeres a pecar, con la condición de que purifiquen sus almas en la cuaresma. Estos dos personajes se reparten las tareas de aprovisionamiento: Baco, ‘Dios del Vino’, aporta el trago para la euforia y el relajo. Arlequín, el ‘Rey de los Disfraces’, pone los colores, las máscaras y los polvos, parafernalia que frustra a los mirones y encubre muchas de las picardías y verdades del intrincado teatro de la vida.

Hay otro santo que también facilita el carnaval a su manera, pero que no se hace tan visible porque permanece mimetizado allá arriba entre el algodonal de nubes. Es San Pedro. Desde sus alturas envía las lluvias para las corrientes de agua que hacen posible la vida y las mojaderas. Y desde La Biblia, también hace leer su propio bando: “Yo derramaré aguas sobre el sequedal y ríos sobre la tierra árida”… “Ignoran que la tierra proviene del agua y por el agua subsiste”… “Manifiestas son las obras de la carne, acerca de las cuales os amonesto”.

Sí. A pesar de todo, San Pedro ha sido permisivo y generoso con el carnaval, sabiendo él, por la etimología de la palabra carnaval, cuál es el espíritu de la fiesta. Sabe que carnaval es carne, ritmo y voluptuosidad. Como igual saben los desparpajados Baco y Arlequín, que cuaresma es recogimiento, abstinencia y penitencia.

Extrayendo una conciliación de los bandos que emiten el Dios Baco por su lado, y San Pedro desde el suyo, es aceptado por todos que, así como los carnavales confieren liberalidad para degustar toda la carne que se tienda en el asador, llegada la cuaresma hay que apretarse los cinturones y enfundarse los cueros y los yines de la abstinencia.

Al final de la barahúnda, sólo quedan carbones y cenizas. Es cuando descubrimos que llegó el miércoles de ceniza, reflexionamos, y se nos aparece de nuevo el bando bíblico: “Polvo eres y al polvo has de volver”. Y en silencio se autorreplica y ronronea el enguayabado: “Donde hubo fuego, cenizas quedan”, ¡carajo!

Sabiendo entonces de dónde venimos y para donde vamos, que venga el carnaval. Pero ojo. El bando de San Pedro también advierte sobre los cuidados que nos merecen el agua y la naturaleza. Pensándolo bien, si hay trago, música, baile, disfraces y polvos, Baco y Arlequín se pueden divertir a plenitud y hasta prescindir del agua. Ellos también saben bailar en seco. Evitar el derroche de agua es una concesión que hacemos al uso responsable de nuestra propia naturaleza, en cuanto aseguramos mejor futuro a la siembra de nuevas generaciones.

¿Y por qué no?... También podríamos darle al carnaval un toque más romántico y glamoroso, retomando viejos usos como el de rociar colonias y otras esencias aromáticas en los bailes y demás bureos de la temporada. Puede resultar tan agradable la experiencia, que hasta Baco pediría en adelante una ley seca, pero de H2O. “Eso sí (advertiría Baco), ley seca de R. O. N. ¡ni de fundas!”.

Para rematar en son de carnaval, he aquí esta letanía climática inspirada por el mismísimo Baco, y que hace parar en seco a cualquier Momo:

Esto lo dijo San Pedro, y la O. N. U. lo confirmó,

tomaremos agua en gotero, si no escuchamos su voz.

¡Ay! naturaleza ardía, que se acabe esta sequíaaaaa

Que no callen estos cantares, así suenen a cantaleta. A pregonar se dijo, y en serio, la ley seca del agua. “Ayúdate que yo te ayudaré”, reza el ‘Bando Mayor’.

PUYAZOS. La verdad es que si nos seguimos recalentando de modo tan malsano, entonces no habrá ni cumbia, ni mapalé, ni chichamaya, ni champeta, ni samba, ni pilón, ni chiquichá, ni danza alguna que valga. No habrá cumbiambera, ni garota, ni pilandera que incite a bailar. Y moribundos estarán los palos sin el chillar de monas y marimondas, y sin el gorjeo de los pajaritos. Sin esa oxigenación ambiental, ni aliento nos quedará para vocearle a una pareja: “Listo Calixto….Listo”, y menos, para corear con Dolcey Gutierrez: “arré Chovengo, arré Chovengo”…