Entrada destacada

¡CHANFLE!

Por : IGNACIO RAFAEL ESCUDERO FUENTES.
En Colombia, país del sagrado corazón de Jesús cuando se hablaba de corrupción involucraban servidores públicos de la rama ejecutiva (nacional, departamental, distrital y municipal), inclusive. Muy pocas veces Congresistas si tenemos en cuenta que no son ejecutores de políticas públicas, tampoco ordenadores de gastos. Consecuencia lógica, dentro de las funciones que cumplen no está la celebración de contratos donde demostrado hasta la saciedad se anida el más grande flagelo que carcome la sociedad avivada por el capital privado: corrupción.
Cuando salió a la luz pública el caso de Fidupetrol, que involucraba a un Magistrado de la Corte Constitucional por un presunto soborno-a la fecha no se ha producido condena sancionatoria-el país no salía del asombro que un togado de la más alta dignidad de la justicia estuviera involucrado en caso de corrupción, cuando por mandato constitucional, legal y moral es su responsabilidad combatir dicha “pandemia”.
Ha…

JUANMA OTRO TRAIDOR A LA PATRIA?


Por Eduardo Caballero Calderón

De antemano me declaro traidor a la patria, a una patria a la cual ya traicionó mi padre, cuando se levantó en armas contra el decadente gobierno de la Regeneración en 1899. Soy traidor a una patria a la cual ya habían traicionado mis tíos y abuelos en la segunda mitad del siglo pasado, cuando armaron guerrillas contra los despóticos que por entonces la devastaban, aunque cuando todavía no osaran confundirse con ella. Soy traidor a una patria contra la cual levantó el puñal un pariente mío en la nefanda noche de septiembre, porque se resistió a aceptar que aún el propio Libertador fuera la patria. Soy traidor a la patria desde el día en que Ignacio Sanz de Tejada luchaba en Roma, como primer enviado de Bolívar, para convencer al Santo Padre de que la patria no era Fernando VII. Soy traidor a la patria desde mucho antes, cuando por liberarla de un gobierno despótico y extraño, Mariño y Soler entregó en Boyacá sus hombres y su hacienda al ejército que venía de los Llanos para luchar en el Pantano de Vargas. Y cuando murió de un lanzazo en San Mateo José María Calderón, otro traidor entre tantos otros de quienes por fortuna desciendo.

Pertenezco a una familia de delincuentes y traidores, cuya voz se dejó oír por primera vez en la Plaza Mayor de Santa Fe de Bogotá, cuando Acevedo y Gómez, de mi misma sangre traidora, invitó al pueblo de la Nueva Granada a que se levantara contra los gobiernos de España. Detrás de mí y en torno mío, en mi desgraciada familia, no veo sino traidores. Soy traidor por la cabeza de mi padre y por el corazón de mi madre; un traidor por los cuatro costados, por las cuatro ramas de mis abuelos, y es tal mi obcecación que todavía no soy capaz de renegar de Acevedo y Gómez, de José María Calderón, de Mariño y Soler, de Ignacio Sanz de Tejada, de Vargas Tejada y de Lucas Caballero. A sus traiciones las llamaron patriotismo en 1810, heroísmo en 1821, insensatez en 1830, radicalismo en 1850, liberalismo en 1899. Y va tan adelante y tan lejos este espíritu traidor que me hierve en la sangre, que mi único deseo es que mis hijos sean traidores como ya lo es y se declara de antemano su padre, y como lo fueron sus abuelos y esa taifa de traidores que entregaron su inteligencia, su corazón, su fortuna y su sangre a esa traición imperdonable que es el amor a la libertad, al cual se ha entregado mi familia.

Y que esta declaración sirva de cabeza de proceso algún día, para enjuiciar a este escritor que no está dispuesto, ni en Colombia ni fuera de ella, a quebrar su pluma para complacer a quienes abusivamente quieren identificarse con la patria.