Los trapos sucios...


Señores dirigentes de La Guajira.


Por Luis Mora Domínguez.

Acudiendo al viejo refrán que dice: “Los trapos sucios se lavan en casa”, hay que concluir que uno de los daños más grandes que se le ha hecho al departamento de La Guajira, es el de “sapiar” o aventar ante los medios de comunicación nacional y ante altos funcionarios del orden central, a nuestros coterráneos.

Ya el pueblo lo sabe, son los mismos guajiros quienes van a denunciar a sus oponentes políticos, para crearles mal ambiente ante el gobierno central y abocar investigaciones en su contra, con el único ánimo de tumbar a un movimiento o grupo político, para retornar al poder.


Esto no quiere decir que seamos cómplices de la corrupción, y mucho menos que nos quedemos callados ante evidentes actos delictivos que atenten contra el erario público.

Una cosa es denunciar un acto administrativo de un funcionario y, otra muy distinta dar a conocer pormenores personales de un funcionario, cuando aún este no ocupaba un cargo por elección popular.
¿Cómo se entiende que muchos periodistas de Bogotá sepan que hace 20 años, fulanito hizo una fiesta, a la que asistió perencejo quien bailó con una prostituta, o que se quitó la camisa, o habló con mengano, quien resultó que ahora es miembro de un cártel?

¡¿Qué tiene que ver esta denuncia con el erario público?, ¿Qué tiene que ver esto con la administración pública?, ¿Qué tiene que ver esto con corrupción administrativa?

Debemos replantear esta forma de hacer oposición, debemos acabar con el canibalismo político, que se lleva por delante el buen nombre de todo un conglomerado social llamado La Guajira.

Esas denuncias ante el mundo capitalino, son aprovechadas por la xenofobia bogotana, para hacer extensivo los adjetivos de corruptos, delincuentes y peligrosos, a todos los que habitamos en el departamento de La Guajira.
Guajiros de la etnia Wayuu, practicando unos de sus deportes autóctonos.