"Silvestre Dangond está equivocado" :Ismael Rudas

Presentadores del programa La red.
Ismael Rudas Mieles.

Carta del Maestro ISMAEL RUDAS.
Barranquilla, mayo 6 de 2017
Señor
FRANK SOLANO
Programa La Red, Caracol TV
Bogotá.
Mi estimado Frank:
Lo de mi estimado, no es protocolo, es porque así lo siento. La continua permanencia en un programa como LA RED, los sábados y domingos, genera una gran empatía con el televidente, donde ya no es necesario el contacto directo para percibir el afecto, el cariño y la manifestación de apoyo y agradecimientos, sin la necesidad de que tengamos que conocernos personalmente. 

No sé si usted, Frank; Mary Méndez, Carlos Giraldo y Carlos Vargas, tengan conciencia de la magnitud y la importancia del programa del día, sábado 22 de abril, dedicado al folclor vallenato, pero yo sí tengo la absoluta seguridad de que ha sido la programación más nutrida y profesional que se ha hecho con relación al tema, durante toda la historia. Ahí sí, como dicen ustedes, no se les escapó nada: género tradicional, idiosincrasia, cambios, evolución, incursión de la mujer, aceptación, tendencia y derivación de las raíces. Pero lo mejor, y lo que más quiero resaltar, es el debate abierto, donde tuvimos la oportunidad de conocer diferentes puntos de vista, conceptos de grandes personajes con excelentes facultades para terciar en el tema, donde no faltaron las discrepancias, algunas muy objetivas, otras, incoherentes y fuera de contexto como es el caso de Silvestre Dangond, de quien más adelante me quiero referir de manera muy respetuosa, pero necesaria, con el fin de hacer claridad en algunas cosas que dijo, y que en mi humilde concepto, ameritan ser analizadas. 

La discusión se abre en torno a la disyuntiva de si el vallenato está en crisis; y eso ya es una nota de alerta que preocupa de manera circunstancial a todos los que militamos en esa labor de la creación, producción y ejecución del género, sin importar que nos hayamos retirado hace ya 20 años, pero que aún nuestros sentimientos siguen ahí, arraigados imperecederamente, lo que nos precisa a asumir con verdadera responsabilidad, una permanente vigilancia en el estricto cuidado de que no se violen sus inalienables principios de origen, que hoy parecen ser muy atraídos, y vulnerados por las desaforadas fuerzas del irresponsable comercio que no pierde oportunidad para usurpar buena parte de su identidad, y luego transformarla en un artículo desechable.
 
Silvestre Dangón.

Conservo la grabación del programa, y me tomé el trabajo de copiar nota textualmente de todo lo que dijo Silvestre, con relación al debate, la cual expongo a continuación, pero antes tengo que manifestar mi sentido de admiración por el artista, en cuanto a su canto, su afinación, la coloratura de su voz, el poder de convicción y transmisión de lo que expresa, sea vallenato o no, así como su carisma y excelente manejo de la tarima, cualidades que reúnen todos los ingredientes para ser el mejor, no solo en el vallenato, sino en el estilo que se le antoje, porque goza del privilegio de ser un polifacético, agraciado por la naturaleza –esto debe quedar muy claro-. 

Dice Silvestre en la Red: “además ya lo que está hecho, está hecho” -apoyando algo que había dicho Peter Manjarréz- “no estamos inventando nada, esto viene pasando hace mucho tiempo. Es difícil que un muchacho de esta nueva generación, componga como Leandro Díaz, porque no comió, no vivió, no sintió la misma vida. Para mí, Diomedes sigue siendo el fenómeno de las composiciones, aparte de su parte artística y su canto, pero Diomedes fue un campesino, entonces escribía como campesino. Ya no se puede hablar de pueblo, porque ya las costumbres de los pueblos se perdieron casi todas, porque la tecnología nos unió. Ya no hay que viajar para ver qué existe en Bogotá, qué existe en Barranquilla, qué existe en China. Tú te metes en el computador y te das cuenta qué está pasando”. 

Analizando lo anterior, nos encontramos con una ligera y fácil excusa, la cual justifica que la ausencia de grabaciones del vallenato autóctono, es debido a la carencia de compositores que hagan canciones como antes. Pues, con mucha pena difiero de Silvestre, y no creo que el hecho de que los muchachos de ahora no compongan como antes, tenga que ver con la calidad del repertorio que vienen incursionando en las nuevas grabaciones, ya que compositores de le talla de Emiro Zuleta, Simón Salas, Santander Durán Enrique Pertuz, Julio Oñate Martínez y Sergio moya Molina entre muchos más, se quejan de que ya nadie les quiere grabar, porque estiman que el estilo de sus composiciones está pasado de moda. Ahí tenemos el caso de Roberto Calderón, un gran compositor autóctono, quien últimamente, con el fin de llamar la atención, ha venido utilizando términos de actualidad, pero por su cadencia, arraigada en el viejo vallenato, ha perdido importancia entre algunos conjuntos nuevos. Entonces, ¿quien está diciendo la verdad?. Y por el mismo camino, va quedando Marciano Martínez, a quien ya últimamente quien más le grababa era Diomedes Díaz, también por la misma razón. 

Me parece bastante triste y lamentable, escuchar de Silvestre, diciendo que ya no se pueda hablar de los pueblos, solo porque las nuevas herramientas de la internet, nos permiten la satisfacción de vivir mejor informados. Yo pertenezco a un pueblito del Cesar –Caracolicito- donde acudo con gran frecuencia, y aún puedo disfrutar una fresca mañana del día domingo, cuando escucho las campanas de la iglesia, anunciando que va a comenzar la misa, y todo me remonta a los tiempos de mi infancia, lo que me confirma que las costumbres de mi pueblo, permanecen intactas, así hayan cambiado algunos procedimientos, pero aun puedo encontrarme con mis paisanos, sentarnos a desempolvar recuerdos, y componer una canción en torno a la remembranza fidedigna de nuestros sentimientos, que aún van de la mano de esa pujanza campesina que madruga al campo a cultivar la tierra que nos proporciona la yuca, el ñame, el plátano, la malanga y todos esos alimentos, producto de viejas costumbres que tal vez en las ciudades no sean tan notables, pero que en los pueblos siguen vigentes y generando historia. 

El interlocutor dice: Silvestre Dangond es enfático en defender su propuesta y la de sus generaciones. 

Dice Silvestre: “Todo es generacional. Yo tengo clásicos, si no tuviera clásicos, se me hiciera difícil hacer los conciertos que yo hago, porque yo vivo de mi repertorio, y del buen repertorio que he hecho, yo tengo clásicos como…. Para mí es un clásico, A blanco y negro, por ejemplo. Para mí un clásico mío es: La Indiferencia. El vallenato no está en riesgo; si el vallenato estuviera en riesgo, silvestre Dangond, no hiciera conciertos para 20 y 25.000 personas, no tuviera la cantidad de trabajo que tiene, y no solamente, hoy en día yo, sino todo el gremio. ¿Tú sabes cuantas personas viven de este género? Muchísimas personas”. 

No tengo la menor duda de la existencia de esos clásicos vallenatos, pero no creo que ello sea necesario para atraer la cantidad de personas que señala. Si así fuera, ¿entonces, cómo harían Juan Luis Guerra, Juanes, Maluma, Darío Gómez y otros que no graban vallenato, y sin embargo cuentan con esas grandes cantidades o más?. 

El interlocutor deja entrever que hay algunas razones ocultas, a lo que Silvestre interrumpe: “por ejemplo: el hecho de que Silvestre Dangond, haya firmado un contrato con Sony Music Latin, es un hecho, un suceso que jamás en la historia del vallenato había pasado; eso es de aplaudir, pero no, mucha gente se encarga de ir en controversia, y de no dejar avanzar, ¿por qué?, no sé. Yo le llamo a eso egoísmo, el que no le gusta dejar avanzar a los demás, es porque es egoísta, y satisface su gusto, o sea, y vamos a ver que muchos de los que les gusta criticar, no compran un disco, se quedan en su casa porque no van a un concierto, solamente ayudan a criticar, pero el que vive de la pasión, esos que tienen 23 y 24 años, que están solteros, son los que se colocan la camiseta roja, van a un concierto y gritan con pasión las canciones de su artista”. 

A esta declaración, la cual toca algunos puntos que bien podrían ser tenidos en cuenta en otro momento, también deja escapar una queja con tono de resentimientos caprichosos, pero me resisto a opinar o hacer cualquier comentario, debido a que toma distancia del objetivo principal del debate, y no veo que aporte algo positivo en cuestión; además, prefiero guardar prudencia y distancia en eso de los intereses personales. 

Y continua: “así como hay personas nuevas, hay ritmos nuevos, instrumentos nuevos, conceptos nuevos. ¿Qué pasa?, hay que ir adaptándose, todo cambio genera disgustos, controversias, pero al final de la historia hay un importante: todo lo que se hace con amor, con buenas intenciones, con un buen mensaje, termina premiando. O sea, cantar al amor no se le puede decir que es feo. Mi gente valiente es eso, le canto cien por ciento al amor, cien por ciento a cosas positivas. ¿Tú sabes lo que se está generando hoy alrededor de las letras que son muy criticadas, donde a la gente la incitan de frente, le dicen, consume drogas, o acuéstate conmigo, o acuéstate con dos?. Ya eso tú lo estás escuchando en la calle, eso es una realidad. A la música se le quitó el tabú, ya el tabú en la música no existe. Ya todo el mundo es libre de expresar lo que quiere con la música, y yo lo hice con un fin, y dije: yo no le voy a cantar al machismo, yo le voy a cantar cien por ciento a la mujer, y eso fue lo que hice con mi álbum”. 

De lo anterior, puedo entender perfectamente que es un hombre lleno de muchas cualidades, cosas buenas, e ideas fantásticas, lo que no admite discusión, y habría que aplaudir ese excelente gesto de querer imponer el buen ejemplo, pero de ahí, a creer que porque salen instrumentos nuevos ritmos nuevos y tantas cosas nuevas, tenemos el derecho a alterar el contenido del vallenato, y esperar a que se vayan adaptando, me parece un exabrupto que iría totalmente en contra de los principios de nuestra cultura musical. Cosa diferente, es que tomemos una canción vallenata, y la fusionemos con todo lo que se nos ocurra, pero dentro de la absoluta claridad de que ya no se llama vallenato, sin el prejuicio de que esta sufra algún detrimento. 

Frank, mi intención al copiar y transcribir todo esto, solo tiene una finalidad: analizar detenidamente el concepto de alguien tan importante como Silvestre Dangond, y unirlo a otros conceptos de personas que como usted y yo, nos preocupamos por proponer una posible tabla de salvación que ayude un poco a encontrar un punto de acercamiento y equilibrio entre lo moderno y lo ortodoxo, con la refrescante esperanza de que nadie salga o se sienta perdedor, pero como podrá observar, por más vueltas que le he dado al asunto, nuestro amigo Silvestre, se fue por las ramas, muy temeroso de tocar el tronco, desviando siempre el objetivo principal y resaltando lo que a mi juicio –con todo respeto- no sería más que intereses personales, lo que nos deja en una total desventaja en cualquiera intención hacia nuestro propósito. 

Después de vivir y sopesar esta experiencia, me asalta la duda de que sea posible que a nuestro amigo Silvestre, tal vez le asista el compromiso de aprender a distinguir y reconocer lo que es en sí, el sentir de un buen vallenato. 

En el programa “A OTRO NIVEL”, donde silvestre Dangond fue jurado recientemente, recuerdo una vez cuando este muchacho que le decían El puma, y que cantaba muy bien el vallenato, le tocó enfrentarse a dos contrincantes, pertenecientes al interior del país, y al terminar la presentación, el puntaje más alto fue para los dos cachacos, mientras que El puma salió derrotado, Silvestre lo cuestionó duramente, porque no podía creer que alguien de quien se creía era un experto en cantar vallenato, se fuera a dejar
vencer de otros que jamás habían cantado ese género. El puma se bajó cabizbajo y compungido por tan extraña derrota, sin encontrar una razón que justificara su afrenta.

Lo anterior, no tendría la menor importancia si no fuera porque la canción que sirvió para que derrotaran a El puma, no era ni más ni menos que “LA TIERRA DEL OLVIDO”, de Carlos Vives. Pero lo más insólito del caso es que alguien con la importancia y credibilidad de Silvestre Dangond, hubiera pasado por la ignorancia de no saber que “LA TIERRA DEL OLVIDO” no es un vallenato. 

La idea de contar esta anécdota, es precisamente para significar el alcance de lo nocivo que podría resultar para el género, el desconocimiento de algo tan simple, y que ya se está extendiendo hacia las nuevas generaciones, como es el caso de este muchacho, (El Puma) quien a estas horas de la vida, es muy posible que no se haya percatado sobre la realidad de lo sucedido en el escenario de “A OTRO NIVEL”. 

A Carlos Giraldo, lo vi muy bien, tratando de explicar, con algunos aciertos las posibilidades de causas en la discrepancia por algunos arreglos, acordes con unos, pero distantes de otros, producto de la inevitable evolución, con algunas preferencias de actualidad; a quien abonándole su buen espíritu de colaboración, debo decirle que el asunto no es por ahí, y hasta me atrevería a afirmar que el caso es más sencillo, solo que nos toca ser un poco más solidarios con el buen razonamiento y valoración de su propia estirpe. 

Vamos a resumir un poco la historia del comienzo de esta música que es lo que hoy nos ocupa. Como bien lo reseñó usted Frank en su intervención del programa, ese acordeón que se dice que entró por Riohacha, cayó en manos de un hombre campesino, que no tenía ni idea de lo que se trataba, y solo mató su curiosidad, dándole rienda suelta a su imaginación, sin un método de enseñanza, y mucho menos un patrón gramatical que le sirviera de guía y lo llevara a realizar ese propósito de crear lo que es hoy el vallenato.

 Aclarado esto, nos encontramos con un concepto empírico, lejos de toda regla, pero sí con el sentimiento expreso de unas rusticas manos que se dejaban llevar por lo que les sonara más agradable, y es por eso que hoy el vallenato sigue siendo original y autónomo, sin muchos cambios armónicos, ni acordes complicados. Así se hizo sentir, así gustó y así se propago por el mundo, y así obtuvo el reconocimiento como patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO. Como bien lo reconoce Carlos vives en el debate de La Red: que hoy ese vallenato le sirve para llegar a su fuente y nutrirse de todos sus ingredientes que transforma en el repertorio que ostenta por diferentes partes del mundo, pero reconoce que no está haciendo folclor, y advierte la necesidad de preservar esos nutrientes, para que cada juglar que desaparezca, sea remplazado por otro que supo hacer la tarea con juicio. 

En una entrevista a Gabriel García Márquez, en Valledupar, le preguntaron que si él estaba de acuerdo con los cambios y los instrumentos que le estaban incursionando al vallenato, y respondió: “si yo escribiera como escribió Miguel de Cervantes Saavedra, sería un mal escritor”. 

Así las cosas, queda claro que no estamos en contra de la evolución, solo queremos que se conserve la tradición, y si se extrae de su fuente, parte de su contenido para realizar algo diferente, bien utilizado sea, pero que no se le siga llamando vallenato por el solo hecho de ser ejecutado en un acordeón. 

¿Quién no es consciente de los avances de la tecnología en la arquitectura moderna a nivel mundial? –y de eso sí que sabe usted-, pero vaya a Cartagena y compre una casa de esas que quedan dentro de las murallas, y búsquese el mejor arquitecto para que le cambie algún motivo de la fachada, porque usted es el dueño, y cuenta con el dinero suficiente para hacer una reforma a su gusto, a ver si se lo permiten. Pues de una vez le digo que no se lo van a permitir, sencillamente porque corresponde a un patrimonio cultural de la ciudad, al igual que nuestra música vallenata para nuestra cultura musical. 

Con sentimiento de cariño y aprecio, me complace enviarles un fuerte abrazo a todo el personal que labora el La Red. 
Atentamente, 
ISMAEL RUDAS MIELES