Descertificar a USA

Por Carlos Ramos Maldonado
Estados Unidos es el país que más cocaína consume en el mundo. El 16 por ciento de su población confiesa consumirla, por lo menos una vez en la vida, es decir, casi 60 millones de personas, con un índice creciente de primerizos entre mayores de doce años.

Y de la marihuana ni hablar, ya que el uso recreativo de la misma es legal en varios Estados, con una tendencia a compararse con el empleo de cigarrillo y tabaco, y su producción nacional se estima en diez mil toneladas métricas anuales en un negocio más rentable que sembrar maíz o soya. Del éxtasis, se dice que el 1.2% de la población lo ingiere, y el consumo de opioides ocasiona más muertes que el abuso de armas de fuego. La cafeína, que es un alcaloide extraído del café, tiene su principal mercado en el país del norte. Hasta aquí no hemos metido las anfetaminas.


El consumo de drogas es parte ya de la cultura de los estadounidenses. El comercio de las drogas moviliza en el país más rico del mundo un presupuesto que puede doblar su negocio interno de gasolina. Se calcula que las ganancias anuales del narcotráfico representan billones de dólares, lo que da a entender que éste no es solo un negocio manejado por capos tercermundistas, sino que ahí están involucrados personajes de las entrañas del poder norteamericano, en una mafia que va más allá de las simples caricaturas de Al Capone, del padrino Vito Corleone o de Pablo Escobar. El consumo de drogas en USA no es exclusivo de un estrato social, económico o cultural determinado. Afecta a toda la nación. Ante una sociedad aparentemente opulenta, curiosa y utilitarista, existen vacíos existenciales que invitan a huir de la realidad y buscar salidas ilusorias mediante uso de procedimientos alucinógenos.

Diversos factores de tipo social, familiar e individual motivan a consumir drogas ilícitas. Con razón se dice que Estados Unidos no debe temerle tanto a un ataque aéreo de enemigos descubiertos como a la degradación de su sociedad, fruto de la demanda y el consumo de drogas. Donde hay consumo, demanda, hay oferta. Es el juego del mercado capitalista del cual los norteamericanos son los abanderados en el mundo.

Si se reduce la ingesta de drogas, de hecho disminuye la producción, que no es propia de ellos sino que está en territorios distantes. A propósito, este comercio ilegal genera considerable fuga de divisas en dólares que van a parar a paraísos fiscales o en inversiones de lavados de activos, muy común entre nosotros y a la vista gorda de quienes controlan los capitales criollos, los mismos que controlan la política. Afganistán es el principal proveedor de opino y sus derivados a Estados Unidos y Colombia lo es de cocaína. Desde la invasión al país asiático en el 2001, éste ha aumentado su producción cincuenta veces, con una producción casi industrial y una ruta tan conflictiva como la del petróleo. Colombia, por su parte, siembra casi 150 mil hectáreas de matas de coca para una producción anual de 900 toneladas métricas de cocaína, que en su mayoría llegan a Estados Unidos pasando por Centroamérica, las Antillas y México.

La síntesis de este análisis es buscar dónde está la fiebre: ¿en la sábana?, que son los campos colombianos de tierra bendita que certifica buena calidad de todo lo que produce, o ¿en el cuerpo?, que es la población norteamericana, enferma, que consume todo lo que termina en ina: cocaína, heroína, morfina, cafeína, anfetamina, marihu…ina. Si el presidente Donald Trump en su política intervencionista amenaza con descertificar a Colombia para la ayuda en la lucha contra la producción de cultivos ilícitos, lo que significa recortar el apoyo en dólares para la estrategia antinarcóticos, Colombia debe también hacer un estudio semántico del trato y descertificar a USA, porque éste no hace nada para reducir el consumo, que es donde está la fiebre. Anoche, en el marco de la Asamblea Anual de la ONU, se reunieron en el Palace Hotel de Nueva York el Nobel presidente Santos con el exótico mandatario Trump para hacer una mirada general de la región que incluye la crisis venezolana que afecta a ambos países, y el aumento del cultivo de coca de Colombia, que preocupa a Estados Unidos, en cuyos ojos hay astillas más grandes que la pelusa que tiene nuestro país.