¿Coaliciones o conciertos para delinquir?

Las coaliciones en la actual coyuntura son una figura que se acerca más a un concierto para delinquir que una alianza estratégica para salvar a Colombia.



¿Coaliciones o conciertos para delinquir?
Cualquier método es bueno para llegar al poder, no en vano reza el viejo adagio: “el fin justifica los medios” y bajo esa premisa los distintos candidatos que aspiran a cargos de elección popular, se han valido de toda clase de figuras “jurídicas y democráticas” para armar la tramoya que les permita salir victoriosos en la jornada electoral que se avecina.

El cómo no importa, lo fundamental es ganar, llenar esa ambición de obtener el triunfo para asirse con el poder bien sea desde el congreso y por qué no, ser el próximo presidente de la república bananera de Colombia.

De una u otra forma los aspirantes a regir nuestros destinos han sometido sus nombres a consideración para que este año salgamos a las urnas a votar por ellos, algunos lo hacen con el “aval” de los desprestigiados partidos políticos, que dicho sea de paso no son más que grandes empresas que hacen parte de lo que yo siempre he llamado “la industria política”, porque en eso se ha convertido la política, “una industria y tal vez la más grande de las industrias, toda vez que son verdaderas máquinas para hacer plata, y lo mejor, no pagan impuestos”.

Pero como esa es harina de otro costal volvamos a lo que nos ocupa, otros candidatos han acudido a la democrática figura de aspirar con el respaldo de las firmas ciudadanas, sólo con el ánimo de demostrar una falsa independencia pues es un secreto a voces que Germán Vargas Lleras tiene el respaldo de Cambio Radical, que Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez dependen tanto de los godos como del clan del Centro Democrático.

Tampoco es secreto que Sergio Fajardo nunca ha cortado el cordón umbilical del Partido Verde y de hecho todos en esa colectividad se han volcado a respaldarlo y que por su lado Gustavo Petro tiene el respaldo de un sector de la izquierda, pero que igual termina respaldado por una cantidad de partidos pequeños u organizaciones dedicadas a sacarle provecho a la política.

Pero como nada en esta vida es gratuito y todo tiene un interés, mucho más tratándose de política, algunos candidatos saben que con las solas firmas no les alcanza para lograr sus objetivos y como nuestra democracia es tan amplia, la misma les permite a todos ellos acudir a una estrategia que puede ser muy efectiva si es bien utilizada.

Las coaliciones, que a mi modo de ver y en la actual coyuntura son una figura que se acerca más a un concierto para delinquir que una alianza estratégica para salvar a Colombia.

Como dirían por ahí, esa tal coalición no existe. Eso está plenamente demostrado: por un lado la ultraderecha muy a pesar de tener un libreto escrito y dirigido por Uribe sobre la base de convertirnos en una “Venezuela”, no ha podido consolidar su coalición por que el codicioso Alejandro Ordóñez se ha convertido en el palo de la rueda y no está dispuesto a dejarse “sacar a gorretazos” como el mismo lo ha dicho.

Iván Duque aun siendo el elegido del clan uribista ha sido blanco del fuego disparado desde las mismas toldas de su partido donde no lo ven con muy buenos ojos, igual ni bobo que fuera va perder la oportunidad aunque remota de llegar al Palacio de Nariño, al fin y al cabo ya con esto logró sus 5 minutos de fama.

Por otro lado, el fastidioso Andrés Pastrana tiene su as en Marta Lucía Ramírez que sabe que tiene los votos de los conservadores y que tampoco está dispuesta a ceder en su aspiración. Ahora bien, Germán Vargas Lleras el representante de la corrupción y el clientelismo que también se ubica de ese lado de la mesa, muy seguramente no buscará aliarse con alguien sino hasta después de la primera vuelta toda vez que no llegará a la segunda pero es obvio que debe sostener la cuota burocrática de su partido y como si fuera poco le salió otra pata al gato, doña Vivian Morales sin aval de los liberales ni de los godos también cree que puede ser presidente y lanzó su candidatura convencida que los “fieles creyentes” la llevarán a ocupar el trono.

Así las cosas el argumento de salvarnos del “castrochavismo” se va a ir a la porra porque primero van los intereses particulares de cada uno de los 5 postulados de esta orilla del pensamiento político que la intención de sacar al país de esta crisis tan grande, que valga la aclaración nada tiene que ver con convertirnos en Venezuela.

Por el lado de la izquierda las cosas no cambian, tienen más fracciones que una operación matemática, Gustavo Petro y Clara López conforman una parte compuesta por todas las organizaciones políticas pequeñas y un sector del Polo Democrático dividido también por Jorge Robledo, quien gracias a su radicalismo sacó de su negocio a los dos primeros y fue a unirse con Claudia López y Sergio Fajardo, estos últimos con un ego elevadísimo que les ha permitido vendernos la idea que son los portadores de la verdad absoluta y por tanto serán los que impedirán que nos gobiernen los mismos con las mismas, que ahora el país sabrá lo que es la equidad y la justicia, que son los que pondrán fin a  la corrupción y en eso coinciden con los petristas aunque lo nieguen.

Por eso ninguno está dispuesto a ceder su ambición de llegar al poder y mientras ellos sufren el síndrome de doña florinda quien increpa a su hijo kiko para que no se junte con esa chusma, la posibilidad de salvar la patria de las garras criminales de la derecha también se van a ir al quinto infierno y como tras de cotudos con paperas, nos falta Humberto de la Calle quien todo parece indicar, sería el único capaz de sostener los acuerdos de paz prefiere esperar a ver qué pasa en primera vuelta  para buscar una coalición espuria. Igual pase lo que pase, la tajada burocrática va a quedar aquí en esta rosca, unos con cargos en el gobierno y otros con jugosos contratos.

Artículo tomado de la http://laorejaroja.com/
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