La decepción de los ganadores


En Colombia son contados los casos en que el ciudadano de a pie se siente representado y ve que su pueblo está regido por una persona que lo hace progresar.

En el deporte los seguidores de un deportista, equipo o selección llegan al clímax, celebran y se enorgullecen cuando  éste triunfa, aunque en muy pocos casos se sienten decepcionados ante lo que se ha denominado, una victoria Pírrica.

En Colombia hay seguidores y fanáticos que luego de la victoria, al tiempo sufren una gran desilusión: son los apasionados de una campaña política.

Esto ocurre a nivel de los municipios, de los distritos, de los departamentos y del país en general, porque alcaldes, gobernadores y presidentes, mientras están en campaña tienen un respaldo abrumador.

Igual que en un partido de fútbol, los partidarios y fanáticos de las campañas enfrentadas en procura del poder, defienden a capa y espada a su candidato, al extremo de llegar a ofenderse entre sí, pelean, discuten y votan por el aspirante de su predilección.

Luego llega la victoria  y de la derrota, los ganadores se sienten orgullosos y dicen: “YO GANÉ” y se burlan de los seguidores de la campaña perdedora.

Pasa el tiempo y regresa la normalidad cotidiana.

El pueblo de a pie olvida en su mayoría las divergencias políticas, más no aquellos que fueron  directivos de la campaña ganadora, la cual filtra y beta a cualquier persona que solicite un favor, un empleo o un contrato. Los que votaron por la campaña perdedora en su mayoría quedan marginados totalmente de la administración pública.

Con el correr de los meses la normalidad cotidiana sigue siendo el denominador común, los burócratas atornillados en sus cargos, los concejales,  alcaldes, gobernadores, congresistas y ejecutivos, por igual hacen la misma tarea: “ayudar” a sus electores favoritos.

Dentro de la normalidad cotidiana, los de a pie observan que las cosas siguen igual, que la salud no mejora, que la educación cada día es más cara, que no se hacen obras sustantivas para el progreso de su terruño, que suben los impuestos, que se descubren actos de corrupción, etc, etc,etc.

Y dentro de esa normalidad cotidiana comienzan las quejas contra las administraciones, no sólo de los ciudadanos que votaron por la campaña perdedora, sino también por los afiebrados fanáticos seguidores de la campaña ganadora.

Los perdedores en este punto argumentan que al pueblo le hubiere ido mejor con su candidato, mientras que a los que votaron por la campaña ganadora les llega la DECEPCIÓN DE LOS GANADORES.
Proverbio popular: “Amanecerá y veremos”, dijo el ciego.


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