Las arrugas de la cara y tus emociones

Las líneas de la frente y las patas de gallina, en los ojos, son las más frecuentes. Unas son de preocupación y otras de alegría.

Las líneas más comunes:
Sorpresa: cejas elevadas hacia el exterior. Párpados elevados. Mandíbula caída.Alegría: se forman las famosas ‘patas de gallina’, marcas que salen en el contorno de los ojos y van hacia arriba. Si por el contrario, están hacia abajo, es tristeza.

Ira: cejas hacia abajo y juntas. Brillo en los ojos. Estrechamiento de los labios. Son las líneas que se forman entre las cejas y representan un carácter fuerte, autoritario, así como de irritación.

Desprecio:
 comisura de los labios tensa y elevada solo en un lado de la cara.

Asco: entrecejo arrugado. Labio superior elevado.

Tristeza: párpado superior caído. Los extremos de los labios caen ligeramente.

Miedo: cejas elevadas y hacia dentro. Párpados superiores elevados y los inferiores tensos. Labios estirados horizontalmente.

Anticipación: apertura de los ojos y de las fosas nasales. Acercamiento de la cabeza.

Confianza: mirada directa, elevada y a los ojos. Sonrisa con labios cerrados. Comisuras de los labios elevadas. Pómulos elevados.

Preocupación: líneas horizontales en la frente marcan la preocupación o la angustia. La mayoría de las personas que viven bajo mucho estrés suelen ser susceptibles a tener estas líneas.

De manera que ya sabe, tenga cuidado con la cara que pone, pues sus arrugas dicen mucho de usted y de lo que siente.

Nuestro cuerpo transmite constantemente información sensible sobre nuestras intenciones, sentimientos y personalidad. Incluso cuando estamos quietos o en silencio, los gestos, las posturas, las expresiones faciales y la apariencia hablan por nosotros, y pueden resultar muy elocuentes.

El lenguaje corporal nos acompaña desde mucho antes de convertirnos en humanos, está fuertemente vinculado con la parte emocional, intuitiva e instintiva de nuestro cerebro, y se desarrolla principalmente en el plano inconsciente. De ahí su importancia, y también su desconocimiento.


El instinto y las emociones son fieles amigos desde mucho antes de que naciera la razón. Por muy inteligentes y racionales que nos creamos, lo cierto es que la conducta no verbal, las emociones y el inconsciente manejan nuestra comunicación.


El psicólogo Robert Plutchik dividió las emociones en 8 categorías básicas con funciones específicas para la supervivencia: temor, sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación. El resto son combinaciones de estas emociones primarias.


Las emociones varían en su grado de intensidad. Por ejemplo, la ira es menos intensa que la furia y más intensa que el enfado.


Cuanto más intensa es una emoción, más motivará una conducta afín a ella. Combinadas, dan lugar a ocho emociones avanzadas: amor, sumisión, susto, decepción, remordimiento, desprecio, alevosía y optimismo, cada una de ellas compuesta por dos emociones básicas.


Las emociones se van combinando en díadas primarias, que formarán las emociones avanzadas, y por díadas secundarias y terciarias, que dan lugar a emociones menos frecuentes.


La manifestación de cada una de esas emociones se refleja en nuestro cuerpo y va dejando marcas en nuestro rostro, que comienzan con las líneas de expresión facial, que aparecen por las contracciones musculares que se hacen de manera repetitiva cuando se sonríe, se frunce el ceño o se está preocupado constantemente, por ejemplo. Pero si esas líneas se profundizan, se convierten en arrugas.


La esteticista y directora de Assul Spa en Bogotá, María Isabel Fuentes, explica la diferencia: “Al hacerse repetitivas y excesivas las líneas de expresión, se pueden convertir en arrugas, que se forman con una cicatriz profunda en la piel, haciéndose permanentes y no solo cuando gesticulamos”.


Y da una clave para entender: “Son las líneas que se ven si estás completamente quieto, con el rostro en reposo. Son marcas permanentes”.


Estas aparecen, según la experta, además de la excesiva gesticulación, por el debilitamiento o un rompimiento del colágeno y la falta de hidratación. 


Así que la mejor forma de prevenirlas, aconseja, “es usar una buena hidratación de la piel, un buen tratamiento antienvejecimiento y cuidarla con una alimentación sana y buenos hábitos de limpieza, prevención y cuidado”.
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