Pancho esperó su puente durante 165 años

Este es el nuevo puente que beneficia a los habitantes de Pancho y 23 comunidades indígenas, en este territorio guajiro. La obra se inició el 22 de febrero en 2011. Héctor Palacio

Por Sandra Guerrero. (Nota tomada de El Heraldo).
Fueron 165 años que tuvieron que pasar para que Pancho, una población del municipio de Manaure, en La Guajira, tuviera un puente decente por el cual sus habitantes pudieran pasar.

Por este motivo el día de la inauguración, la alegría era exagerada, desbordante y no importaron las tres horas que tuvieron que esperar al alcalde Aldemar Ibarra, porque lo único  que querían sus habitantes era que llegara y cortara la cinta para poder hacer uso oficial de esta estructura que significa mucho para las 23 comunidades wayuu que se encuentran en esta  zona.

Ese día, el 25 de agosto de 2018, desde temprano las familias se prepararon, los niños de la escuela ensayaron el himno nacional y el pueblo se engalanó porque ya no les iba a tocar mojarse para pasar el río Calancala, como muchas veces les tocó hacerlo.

Evelio Pushaina junto al puente que construyó con $50.000 y sirvió por 4 años. Héctor Palacio

De los más entusiastas era Evelio Pushaina, quien se convirtió en una especie de héroe de Pancho, cuando en octubre del 2014, cansado de tener que buscar mil y una maneras de cruzar el río, construyó un puente artesanal que solo le costó 50.000 pesos.

En canoas improvisadas los pancheros pasaban el río Calancala. Héctor Palacio

El dinero lo recogió entre amigos y familiares, que aportaron $200, $500 o $1.000, los cuales sirvieron para comprar clavos, madera, cuerdas y otros elementos que utilizó en la obra.

Ahora junto a la nueva estructura ejecutada por el Consorcio Puente Calancala, que tuvo un costo de  $2.694.201.648, 54 mil veces más que la suya, posa alegre y satisfecho, de saber que por mucho tiempo, fue él quien solucionó este grave problema del corregimiento.

También estuvo César Fajardo, demostrando su intensa alegría a través de un poema dedicado a Pancho, como uno de los puntos principales del acto de inauguración. Él, de 86 años de edad, pudo vivir para ver el nuevo puente, pero falleció siete días después, dicen sus allegados que con la satisfacción de ver terminada la obra.

Sin embargo, fueron muchas las personas que murieron esperando el tan anhelado puente. Una de ellas fue la señora Rebeca Siosi, quien junto a la autoridad tradicional, su tía Ana Pino y su hermana, la escritora y comunicadora social wayuu Vicenta Siosi, libraron toda una batalla ante todas las autoridades e instituciones posibles para que se construyera el puente en Pancho.  En esta lucha las acompañó Josefa Cotes Pinedo, conocida como Jorito.

Ana Pino, autoridad tradicional del corregimiento de Pancho, aseguró que esto es un sueño que se hace realidad, ya que toda su vida esperó que llegara la construcción de este puente y lamentó que su sobrina no viviera para verlo.

“Muchos de mis antepasados murieron y no pudieron vivir este momento, estoy segura que desde donde estén celebran que hoy en día ese anhelo sea una realidad que hoy veo porque pensé que me iba a morir sin verla”, manifestó.

Vicenta Siosi, por su parte, precisó que estudiantes, comerciantes, recolectores de frutas y pescadores podrán utilizar el puente para llegar de manera más rápida a Riohacha a vender sus productos, a estudiar o  a visitar a sus familiares. “Esto que el pueblo esperaba desde 1853, indudablemente mejorará la calidad de vida ya que tendrán a la educación y el empleo mucho más cerca”, indicó.

Una construcción inconclusa

Desde siempre el pueblo pidió la obra, pero fue en el 2011 cuando Colombia Humanitaria rehabilitó la carretera entre el corregimiento y el barrio Nuestra Señora de Fátima de Riohacha, con una inversión de $2.999 millones, que comenzaron las gestiones para el puente.

La obra había sido adjudicada en 2010 por el entonces gobernador Jorge Pérez Bernier al contratista Yesith Cornejo Ochoa por valor de $215.147.064. El objeto era la “Construcción de un puente sobre el arroyo Calancala en el corregimiento de Pancho”.

El 22 de febrero del 2011 comenzó la construcción de la estructura, que permitiría también el paso de vehículos de un lado a otro, y estalló la alegría en Pancho –donde viven 53 personas– y las 23 comunidades vecinas. Pero, a las pocas semanas afloraron los problemas porque algunos no estaban de acuerdo con el sector escogido para levantar el puente. Las obras fueron suspendidas.

El contratista Yesith Cornejo Ochoa justifica la no terminación del puente señalando que estaba diseñado para construirse en un lugar que empalmaba con la vía que construyó Colombia Humanitaria y tuvo que cambiarse de lugar. Después de la suspensión de los trabajos por este motivo la obra se reinició en agosto 21 del 2012 cuando Corpoguajira diera el visto bueno del nuevo sitio que era frente al casco urbano del pueblo.

El puente pasó de tener una calzada de 4,5 metros con bordillos a una calzada de 4,60 metros con bordillos y andenes laterales de un metro, para un total de 7 metros de calzada. “Con una estructura mucho más ancha y más alta, se elevaron los costos”, explicó en su momento el contratista.

Indicó que con los cambios en las obras, los $215 millones “solo alcanzaron para los nuevos diseños y estudios de suelo” que tuvieron que hacerse, además de las “torres gemelas” como bautizaron en Pancho las dos estructuras de soporte construidas en cada una de las orillas.

Fue entonces cuando entró en acción Evelio Pushaina, quien construyó lo que el Estado había dejado a medias, beneficiando a comunidades como Florida, Cispana, Manzana, Buenavista, Kajutchon y Flor de Olivo.

En esta oportunidad fue la administración municipal de Manaure, en cabeza del alcalde Aldemar Ibarra, la que se encargó de la obra. El mandatario dijo en el acto de inauguración que  “lo prometimos y aquí estamos entregando la obra que tanto se necesitaba”. En medio del jolgorio y la algarabía de los pancheros, narró el día en que tuvo que nadar en ese río porque no había puente y  el carro en el que iba se estaba hundiendo.

La historia de Pancho

Algunos documentos revelan que la historia del corregimiento de Pancho comenzó en 1860 cuando llegó a territorio guajiro un italiano de nombre José Vicente Siosi, comerciante de ganado, víveres y pieles, quien se unió a Marqueza Cotes y formaron una gran familia.

El pueblo, inicialmente, se llamaba San Antonio, en honor a San Antonio de Padua, pero cuando los padres italianos capuchinos fundaron el internado indígena y repartían pan a los niños, los wayuu comenzaron a llamarlo “Paanchomana”, es decir, tierra de pan. Por eso el nombre se redujo y se quedó solamente Pancho.

De la descendencia del italiano se destaca el liderazgo de las mujeres, quienes han sido las protagonistas en las luchas que ha librado Pancho a través de la historia.

Pancho se encuentra a unos diez minutos del distrito de Riohacha y fue capital de la comisaría especial de La Guajira.